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La otra cara de la moneda: el bullying en manos de mi hijo/a

   Blog    La otra cara de la moneda: el bullying en manos de mi hijo/a
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La otra cara de la moneda: el bullying en manos de mi hijo/a

La mayoría de los padres de familia se preocupan por si su hijo/a está sufriendo acoso escolar o cualquier tipo de violencia verbal, física o psicológica, pero lo cierto es que muy pocos vienen a consulta para admitir que su hijo/a está siendo el propio acosador de otros niños/as.

La primera reacción normal que muchos padres tienen al recibir esta noticia; que normalmente viene desde el colegio o de otros padres, es la de NO aceptación.

Se produce por lo general, un shock inicial en un torbellino emocional que va desde el miedo hasta la vergüenza: «¿Mi hijo/a? ¿Está usted serguro/a?»

Luego viene la negación de «los cargos»: No, no puede ser. Debe ser algo puntual, cosa de niños» hasta dar lugar en algunos casos a respuestas de contra ataque y defensivas: «Mire, usted no me va a decir cómo tengo yo que educar a mi hijo. Si le pegan es normal que se defienda, no se va a dejar pisar»

Estas primeras reacciones pueden ser normal en un primer momento, pues los sentimientos de ansiedad y de culpa suelen bloquear la respuesta adecuada en el momento de recibir la noticia y porque suele ser habitual caer en estos errores

Los hijos no son los espejos de los padres

Ante todo, es importante no entrar en el bucle de instalar el pensamiento de «soy una mala madre/padre» pues existen muchas circunstancias por las que un niño/a puede llegar a tener este tipo de comportamientos agresivos y aunque, el ambiente familiar y el modelo de educación es importante, no siempre es lo que lo explica al 100%, ni podéis ser un/a vigilante de vuestro/a hijo las 24 horas al día

Negar la situación no hará más que agravar el problema

Analizar la situación desde un cuestionamiento objetivo y honesto tanto a nivel de pareja como de padres es mucho más importante de lo que parece. Los/as niños/as son conscientes de lo que hacen y también tienen una mayor satisfacción al saber que nadie dice nada por miedo a su reacción, incluido los padres. Una vez que habéis recibido la información, mínimo hay que prestarla atención antes de emitir un juicio y de tomar las medidas oportunas.

La mayoría de las veces la aceptación del problema ayuda a que se cambien muchas de las cosas que no estaban funcionando en casa, y aunque obliga a la familia a enfrentarse con sus propios miedos y valores educacionales, puede ser también una oportunidad para conocer mejor a vuestro hijo/a y replantearos una nueva forma de comunicaros con él estableciendo nuevos canales para afianzar mejor los límites y normas.

Hacer más de lo mismo: ojo por ojo, diente por diente

Algún padre me contaba preocupado el poco éxito que ellos tuvieron cuando el tutor les informó de lo que estaba pasando:  «Al inicio nos enfadamos con nuestro hijo castigándole duramente, pero después de unas semanas nos fuimos olvidando del problema y le levantaron el castigo.«Al cabo de dos meses volvieron a recibir otra llamada del colegio por otra situación similar.

Y es que muchas veces los propios padres acuden al castigo y a los gritos por puro miedo ante su propia incapacidad de poder controlar la situación y de que se les vaya de las manos. En este caso, el castigo como bien dice el psicólogo Luis de la Herrán «es un arte, y debe ser firme, corto, intenso, inmediato, proporcional, coherente y con fecha de caducidad». ¡Atención, que no es poco…!

Reflexiona

Algunas de las claves importantes para prevenir que nuestro hijo/a aumente sus rabietas de manera exponencial son:

  • Enseñar a nuestros hijos/as a que aprendan a vivir con el malestar, enseñarles a autogestionar sus emociones (tanto las positivas como las negativas); saber diferenciar las conductas que son realmente importantes de las que son sólo llamadas de atención. Establecer límites y «líneas rojas» desde la firmeza lógica, la coherencia y la cercanía afectiva, pues todas son igualmente importantes.
  • Escuchar-escuchar- escuchar: no se trata de ser un perro policía detrás de nuestro hijo/a todo el día, pero sí de estar AHÍ. Estar al tanto de lo que ve en el ordenador/tablet, el móvil o la TV, de los amigos/as que tiene, de los comentarios que hace sobre sus profesores-sobre sus ídolos, sobre vosotros. Todo son pistas que nos ayudarán a hilar las creencias que él o ella tiene acerca de lo que es ser valiente/cobarde, sobre lo que es ser o no aceptado por el grupo, sobre su inseguridad o sobre el respeto hacia uno mismo y hacia los demás.
  • Escoger un día a la semana, por ejemplo, los domingos y establecerlo como reunión en familia: el encuentro de opiniones en el que durante 1 hora pueda hablarse de un tema escogido desde todos los puntos de vista y llegar a conclusiones no sólo aumenta la conexión familiar y la implicación de todos si no que promueve de una manera muy sana el equilibrio en la jerarquía de los padres/hijos y la coherencia en el continúo entre protección y autonomía.

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